Este año la asignatura de Historia de España está siendo diferente. Nuestro profesor, Xoel, está en su primer año dando clase, pero se nota que le apasiona lo que enseña. Tiene una forma muy clara y cercana de explicar los temas, y consigue que incluso los siglos más lejanos parezcan más vivos y comprensibles.
En este primer trimestre hemos estado viendo los siglos XVI, XVII y XVIII, una etapa llena de cambios y contrastes. El siglo XVI fue el momento de mayor esplendor del Imperio español. Con los Reyes Católicos y después con Carlos I y Felipe II, España se convirtió en una potencia mundial. Fue una época de grandes conquistas, descubrimientos y también de conflictos religiosos, como la Reforma y la Contrarreforma.
El siglo XVII, sin embargo, fue un tiempo de decadencia. Los Austrias menores no lograron mantener el poder que habían tenido sus antecesores. Hubo crisis económica, guerras y una sociedad muy desigual. Aun así, este siglo fue un tesoro cultural: el Siglo de Oro dejó grandes escritores, artistas y pensadores que todavía hoy son referentes.

El siglo XVIII trajo una nueva etapa con la llegada de los Borbones. Con ellos llegaron también las ideas de la Ilustración y el deseo de modernizar el país. Monarcas como Carlos III intentaron mejorar la educación, la agricultura y la administración, buscando un progreso basado en la razón y la ciencia.
Lo que más me gusta de las clases de Xoel es que no se limita a contarnos fechas o nombres: nos hace pensar en cómo cada época ha influido en la forma en que vivimos hoy. Ver cómo España pasó del poder imperial a la búsqueda de modernización te hace entender que la historia es un ciclo de avances, crisis y renacimientos.
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